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La custodia compartida es un modelo de convivencia familiar en el que ambos progenitores participan de forma equitativa en la crianza y educación de los hijos tras una separación o divorcio. 

En España, esta modalidad ha cobrado una gran relevancia en los últimos años, gracias, en parte, a los numerosos estudios psicológicos han demostrado que este modelo de custodia genera impactos positivos en el desarrollo emocional y social de los hijos, favoreciendo su estabilidad y bienestar. 

Por ello, en este artículo, analizaremos los principales beneficios psicológicos de la custodia compartida en los menores:

1.Reducción del impacto emocional del divorcio

El divorcio es un proceso que puede generar altos niveles de estrés en los hijos. La separación de los padres puede provocar sentimientos de inseguridad, ansiedad y tristeza. No obstante, la custodia compartida ayuda a minimizar estos efectos negativos, ya que permite que los menores mantengan una relación cercana con ambos progenitores.

Según estudios psicológicos, los niños que mantienen contacto frecuente y equitativo con ambos padres presentan menores niveles de ansiedad y depresión en comparación con aquellos que viven bajo un modelo de custodia exclusiva. La posibilidad de compartir tiempo con ambos progenitores ayuda a los menores a procesar mejor la separación y a desarrollar estrategias de afrontamiento saludables.

2. Desarrollo de vínculos afectivos con ambos progenitores

Uno de los grandes beneficios de la custodia compartida es que permite fortalecer el vínculo afectivo entre el menor y ambos progenitores. Cuando los niños pueden convivir con sus dos padres de manera equilibrada, sienten que ambos continúan involucrados en su vida cotidiana.

Este vínculo es esencial para su desarrollo emocional, ya que les proporciona una base segura y evita que perciban la ausencia de uno de los padres como un abandono. Además, la relación equitativa con ambos progenitores reduce la posibilidad de desarrollar sentimientos de rechazo o alienación parental, un fenómeno que puede ocurrir cuando uno de los progenitores intenta desacreditar al otro frente al menor.

3. Mejora en el rendimiento académico y estabilidad emocional

Los estudios realizados en distintos países han demostrado que los niños que crecen bajo un régimen de custodia compartida tienden a tener un mejor rendimiento académico. Esto se debe a que la participación activa de ambos progenitores permite que los menores reciban mayor apoyo en su educación, tanto en tareas escolares como en el desarrollo de hábitos de estudio.

Además, la estabilidad emocional que proporciona la custodia compartida les ayuda a gestionar el estrés escolar de manera más eficaz. Un ambiente equilibrado y la posibilidad de contar con el respaldo de ambos padres contribuyen a que los menores enfrenten mejor los desafíos académicos y sociales.

4. Desarrollo de habilidades sociales y autoestima

Otro de los beneficios psicológicos de la custodia compartida es la mejora en el desarrollo social de los menores. Al mantener contacto con ambos progenitores, los niños aprenden modelos de comportamiento diversos, lo que enriquece su capacidad para relacionarse con los demás.

Además, se ha observado que los niños bajo este régimen presentan una autoestima más alta en comparación con aquellos que viven en custodia exclusiva. Saber que cuentan con el amor y apoyo de ambos padres refuerza su seguridad emocional y confianza en sí mismos.

5. Reducción de conflictos entre los progenitores

Uno de los principales problemas en los procesos de divorcio es el alto nivel de conflictos entre los progenitores. La custodia compartida, al promover un reparto equitativo de las responsabilidades, reduce la percepción de desigualdad y, en consecuencia, minimiza los desacuerdos.

Menos conflictos entre los progenitores significa un ambiente más armonioso para los menores. La exposición a discusiones constantes puede ser extremadamente perjudicial para los niños, ya que genera estrés y afecta su bienestar emocional. Un modelo de custodia compartida bien implementado fomenta la colaboración entre los padres y reduce la posibilidad de que el menor sea utilizado como «mediador» en los conflictos.

Casos en los que no se recomienda la custodia compartida

Aunque la custodia compartida tiene numerosos beneficios, existen situaciones en las que no es posible. Algunos de estos casos incluyen:

  • Violencia de género o malos tratos: En estos casos, el artículo 92.7 del Código Civil impide otorgar la custodia compartida al progenitor condenado por violencia.
  • Falta de cooperación entre los progenitores: Si la relación entre los padres es extremadamente conflictiva y no pueden llegar a acuerdos básicos, la custodia compartida podría generar un ambiente tóxico para el menor.
  • Distancia geográfica considerable: Cuando los progenitores viven en ciudades distintas o a grandes distancias, la alternancia de hogares puede afectar la estabilidad del menor y su rendimiento académico.
  • Disponibilidad de los progenitores: Si uno de los padres no tiene la posibilidad real de atender las necesidades diarias del menor por cuestiones laborales o personales, la custodia compartida podría ser contraproducente.

 

En conclusión, la custodia compartida se ha convertido en una opción preferida en muchos casos debido a sus numerosos beneficios psicológicos para los menores. Desde la reducción del impacto emocional del divorcio hasta el fortalecimiento del vínculo con ambos progenitores, este modelo de custodia favorece el bienestar infantil y su desarrollo integral. Además, su implementación contribuye a reducir los conflictos entre los progenitores y garantiza un ambiente más estable para los niños.

Dado que en España se favorece cada vez más este tipo de custodia, es fundamental conocer sus implicaciones legales y cómo puede beneficiar a los menores en situaciones de separación. Cada caso es único, y la decisión final deberá siempre centrarse en el interés superior del menor.

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